Convocatoria de un Consejo Internacional de amistad y solidaridad con el pueblo soviético

Queridos Amigos y Camaradas:

En febrero del 1998, los delegados de muchas partes del mundo que asistieron en Toronto, Canadá, a la Conferencia organizada por el periódico Northstar Compass y por los Amigos Canadienses del Pueblo Soviético, decidieron hacer un llamamiento para la formación de un Consejo Internacional para la amistad y solidaridad con el pueblo soviético. Para hacer efectiva esta resolución, se acordó que el Primer Congreso para fundarlo debería tener lugar en  Toronto, Canadá, el 21-23 de Septiembre del 2001, y se esperaba que asistieran delegados de todas partes del mundo representando a sociedades de amistad, partidos comunistas, publicaciones y otras organizaciones obreras progresistas.

Persiguiendo el objetivo antes mencionado, se publicó una convocatoria por el Comité Organizador en el periódico Northstar Compass en su número de agosto-septiembre de este año. Lamentablemente la respuesta a esta convocatoria no fue tan numerosa como esperábamos: tan sólo seis organizaciones y partidos de cinco países comunicaron su apoyo a la convocatoria. A fin de dar pasos urgentes para rectificar este estado de cosas he sido comisionado por el Comité Organizador para dirigirme a ustedes una vez más y pedirles que den su consentimiento a la Convocatoria como un asunto de urgencia teniendo en cuenta lo siguiente:

Tras la caída temporal de la URSS en 1991, la burguesía imperialista, sus ideólogos y los parásitos pequeño-burgueses se mostraban triunfantes proclamando que el comunismo estaba muerto y bien enterrado, que el marxismo-leninismo era algo del pasado, una ideología irrelevante para las necesidades de la sociedad moderna, que sólo el capitalismo podía dar una solución a las necesidades de la humanidad y que, por tanto, este sistema es eterno - constituirla así la última etapa en el desarrollo de la humanidad (y no una etapa transitoria). En vano señalamos entonces que aquello que la alta burguesía consideraba como el derrumbe del Comunismo era, de hecho, el derrumbe del revisionismo de Kruschev, un derrumbe causado por la desviación del marxismo-leninismo por parte de los revisionistas Kruschovistas que siguió al XX Congreso del PCUS en 1956. En vano intentamos explicar que el capitalismo, lejos de ser una solución, era el problema real. la causa real de la miseria, el hambre y la degradación de la inmensa mayoría de la humanidad. En vano intentamos señalar que el capitalismo se encamina hacia la destrucción, que encierra dentro del mismo las semillas de su destrucción, que ni el Keynesianismo de ayer ni el monetarismo y la globalización de hoy día pueden salvarlo. Nuestras voces fueron temporalmente ahogadas bajo el cacareo del triunfalismo imperialista. Pero como dice el refrán francés: quien ríe el último ríe mejor. A la luz de la última crisis en la que se sumerge el mundo capitalista, ahora nos toca a los marxistas-leninistas reír. Más aún, es el deber de los Amigos del Pueblo Soviético, las Sociedades de Amistad y de los marxistas-leninistas explicar las causas de la crisis, sus ramificaciones y las tareas de la clase obrera consecuente en esta crisis que amenaza con traer tanta miseria sobre cientos de millones de proletarios y semiproletarios en todo el mundo.

Hace poco más de un año parecía que todo iba sobre ruedas. Las economías de Asia estaban floreciendo -la economía de Corea del Sur crecía un 7% al año, la de Indonesia un 8% y la de Malasia un 9%. Este año el Producto Interior Bruto se reducirá en un 15% en  Indonesia, en un 8% en Tailandia, en un 7% en Corea del Sur, en un 7% en Malasia y en un 5% en Hong Kong. A este resultado decreciente se le añade el problema de la deuda.

La crisis, que empezó en Tailandia en julio de 1997, se había extendidos a varios continentes en julio de 1998, siendo Rusia su primera víctima que fue arrastrada al torbellino de un crack debido a los efectos combinados de la devaluación del yen, de la bajada del precio internacional del petróleo, a los temores de una devaluación en China y la caída consiguiente de Wall Street.

El intento de evitar la bancarrota de Rusia gracias a 22.600 millones de dólares del FMI no resultó ser más eficaz que el intento proverbial de vaciar el océano con un cubo. El 17 de agosto Rusia cayó definitivamente. El gobierno ruso devaluó el rublo en un tercio, algo que sólo tres días antes Yeltsin había jurado no hacer. Se impuso una moratoria de 90 días en los pagos de la deuda exterior y se decidió reestructurar el mercado de la deuda interior.

Lejos de contener la crisis, estas medidas sólo sirvieron para exacerbaría. Las medidas precipitaron que los prestamistas extranjeros perdieran hasta la camisa, un pánico bancario y un hundimiento mayor del rublo y del mercado de acciones ruso. El rublo perdió un 60% de su valor en una semana y el mercado de valores ruso ha caído un 58% este año, y aún continúa cayendo.

Rusia está envuelta en una crisis financiera e industrial sin precedentes, haciendo temblar hasta sus cimientos los últimos vestigios de estabilidad y legitimidad de la cleptocracia que la gobierna. El gobierno de Rusia está paralizado, su moneda continúa cayendo, su mercado de acciones está hundido, sus bancos han agotado el dinero y las tiendas las mercancías.

Según el Financial Times del 28 de agosto «La clasificación de Rusia está por debajo de la de Indonesia. Su economía es más pequeña que la de Suiza. Y su mercado de acciones vale menos que la industria del agua de Gran Bretaña. Es una base muy baja desde la que construir».

Las finanzas públicas rusas están en ruinas. Entre 1994 y 1997 los beneficios fiscales sumaban 108.000 millones de dólares financiados por una insostenible montaña de deuda nacional. Desde la restauración del capitalismo, Rusia ha sido saqueada por la burguesía mafiosa rusa y los barones ladrones del Capitalismo Monopolista Internacional. Si 58.000 millones de dólares de capital extranjero llegaron a Rusia entre 1994 y 1997, al menos 66.000 millones de dólares se fugaron en la dirección opuesta.

«Algunos órganos del Estado - escribe John Thornhill en el Financial Times del 28 de agosto- han sido virtualmente privatizados por el gran capital».

Incluso el presupuesto primario ruso -es decir, antes de pagar los intereses- estaba en déficit hasta alcanzar el 2,2% del PIB en 1996 y el 2,5% en 1997. No es sorprendente entonces que el gobierno no pague a sus empleados. Millones de empleados públicos, desde mineros hasta profesores, no han sido pagados desde hace muchos meses, algunos desde hace años; debiendo el Estado 10.000 millones de dólares por este tipo de atrasos.

Muchos bancos de Rusia están ahora en bancarrota. De ahí el reciente espectáculo de ahorradores estafados haciendo cola en el exterior de los bancos cerrados.

Si entre 1991 (el año en que la URSS se vino abajo temporalmente) y finales de 1995 la producción se redujo a la mitad y entre 1996 y 1998 se estancó, ahora, como consecuencia de esta última crisis, está destinada a otro hundimiento mayor. Entre 1990 y 1994, la esperanza de vida de los hombres cayó en 6 años (de 64 a 58) y la de las mujeres en tres años (de 74 a 71). El acceso a los cuidados médicos -sin importar la calidad de los mismos- para los obreros normales es casi inexistente. Ha habido una caída acelerada del nivel de vida. La inflación ha devorado los ahorros del pueblo y su nivel de vida. La industria soviética y otras riquezas de la ex-URSS han sido saqueadas por un puñado de mafiosos rusos y por los barones del capitalismo monopolista internacional. Y ahora mientras escribimos estas líneas, la moneda rusa y los mercado de acciones se han hundido.

El panorama que ahora enfrenta Rusia es el de un mayor hundimiento de su moneda y su mercado de valores, un declive en la producción, reducción en la recaudación de impuestos, fuga de capital extranjero y hundimiento total de su economía. «Los pronósticos para Rusia" -dice el Financial Times del 28 de agosto- son nefastos. Se necesita ahora un milagro para cambiarlos».

Como consecuencia de estos hechos, el gobierno ruso se ha hecho tan impopular que no sólo la clase obrera rusa y el campesinado, sino también un puñado de mafiosos rusos -ahora re-bautizados como «oligarcas» que controlan un 50% de la economía de Rusia y poseen los bancos más importantes, conglomerados industriales y grandes imperios de medios de comunicación, que hasta ayer financiaban la campaña presidencial de Yeltsin, quieren deshacerse de él. A esto hay que añadir el descontento de la pequeña burguesía, que creía arreglárselas bastante bien con las pequeñas oportunidades de negocio que les ofrecía la restauración del capitalismo, pero que ahora, al perder sus depósitos bancarios, ven como la tierra tiembla bajo sus pies y se sienten traicionados y engañados.

La Duma rusa amenaza con destituir a Yeltsin. Ha exigido su dimisión y empezó el procedimiento para una moción de censura al gobierno. En todas partes los trabajadores tienden hacia la militancia. Las huelgas, especialmente en los sectores mineros del carbón en crisis, son muy frecuentes. Los mineros han rodeado durante meses el edificio del parlamento; los sindicatos han anunciado una serie de protestas en todo el país.

Los precios suben tan rápido que la gente tiene que recurrir a medidas desesperadas para sobrevivir. «Hemos sido engañados - dice Alevtina Lobanova, una antigua profesora de 67 años que ahora tiene una pensión mensual de tan sólo 50 dólares- ¿Cómo se supone que voy a vivir si los precios suben? Casi no puedo seguir viviendo. Nunca puedo comer carne porque no me lo puedo permitir» (decía el Sunday Times el 23 de agosto de 1998). ¡Esta sí que es una buena propaganda de las maravillas del capitalismo! Como decenas de miles de otros pensionistas, Lobanova recorre las calles para recoger botellas vacías para reciclarlas como forma de sacar unos rublos de más.

De acuerdo con encuestas de opinión fiables, menos del 3% de la población votaría ahora por Yeltsin. El Sunday Times del 23 de agosto, enfrentándose a esta cruda realidad, fue obligado a admitir que mientras la economía se hunde en caída libre sin ningún respiro a la vista «Cada ruso lamenta la forma en que Rusia ha sido gobernada en los últimos años» añadiendo que el régimen de Yeltsin «ha hecho muy poco para cambiar las condiciones de la industria y la agricultura» mientras introducía la economía de mercado. Muchos analistas económicos burgueses están seriamente preocupados porque pronto ya no quedará en Rusia ninguna economía sobre la que practicar su querida economía de «libre mercado» -tal es el estado ruinoso de la economía rusa, gracias al sabotaje, el saqueo y la ruina ocasionada por la cleptocracia y el imperialismo internacional.

El estado de la economía rusa, y el consiguiente empobrecimiento y miseria del pueblo soviético, ayudan a crear todos los ingredientes de una explosión social. El Sunday Times, plenamente consciente de esto, dice muy comedidamente que Rusia «se está acercando peligrosamente al malestar social». Lo que hasta entonces eran considerados como escenarios de pesadilla, ahora se consideran como posibilidades reales. A medida que las bolsas de Occidente, desde Wall Street hasta la City de Londres, se tambalean con los «post-temblores del terremoto financiero, con un epicentro que era inimaginable hace una década: Moscú», usando la terminología del Sunday Times del 30 de agosto, mientras George Soros estimaba en 1.200 millones de dólares sus pérdidas en las inversiones en Rusia, mientras instituciones financieras tan poderosas como el Deutsche Bank o el Credit Swiss First Boston digerían nerviosamente sus propias pérdidas, el Sunday Times se acordaba de la Unión Soviética en los siguientes términos conmovedoramente nostálgicos:

«En los malos viejos tiempos cuando los rusos soviéticos eran rojos -que aún pueden ser recordados como los viejos buenos tiempos- solían predicar que el capitalismo contenía la semilla de su propia destrucción. Nadie podía predecir que la mejor manera de provocar la caída del sistema capitalista sería que Rusia lo abrazase».

Y el Sunday Times llega a esta conclusión vacilante:

«Sería melodramático decir que no hemos visto aún la última revolución rusa del tumultuoso siglo XX, sin embargo, sólo un loco o un atrevido especulador apostaría su camisa contra ello».

Para variar nos encontramos de acuerdo con el Sunday Times. El capitalismo ha decepcionado completamente al pueblo soviético, a quien se le han robado décadas de construcción socialista; lo tiene ningún otro futuro que el regreso al socialismo -y esta vez purgado de las distorsiones que el revisionismo Kruschovita le impuso. No tiene otra opción más que volver a la Unión Soviética de Lenin y Stalin. Hoy tan sólo hay una cosa que se interpone en el camino de obtener el premio: la DIRECCIÓN. Dejemos que nuestros camaradas de Rusia y otras tierras de la Unión Soviética, utilizando una táctica revolucionaria verdaderamente leninista, verdaderamente bolchevique, forjando la unidad en sus filas, uniendo al proletariado soviético y a las amplias masas del campesinado en torno a ellos, ataquen la ciudadela tambaleante del capitalismo ruso. Dejemos que la segunda edición de la revolución bolchevique barra toda la basura representada por las fuerzas combinadas de la cleptocracia rusa y el imperialismo internacional. Sólo una revolución de este tipo puede borrar las lágrimas de los rostros de los trabajadores y, usando las palabras del gran demócrata ruso del siglo XIX, N. G. Chernychevsky, traer alegría y celebraciones en las calles. Semejante revolución será la mejor manera de terminar este milenio y de saludar al próximo.

Ahora es el momento de crear un Consejo Internacional de Amistad y Solidaridad con el Pueblo Soviético, tal como hicieron nuestros abuelos y abuelas en 1918 cuando en muchos países se establecieron los «Comités Manos Fuera de Rusia» para defender al joven estado soviético de los ataques internos y externos. Nuestros abuelos y padres eran conscientes de que el joven estado soviético debía ser defendido.

Nuestra tarea

Mientras es tarea de nuestros camaradas de todos los territorios de la Unión Soviética luchar con todas sus fuerzas por la, restauración de la Unión Soviética, su tarea será facilitada por la solidaridad y la amistad fraternal del extranjero y tal será el papel del Consejo Internacional del Solidaridad y Amistad con el Pueblo Soviético. Todos los que se llamen amigos del pueblo soviético, comunistas, amigos o simpatizantes del socialismo, que celebran la memoria de la en otro tiempo gloriosa Unión Soviética, tienen el deber de dar todo tipo de apoyo a nuestros camaradas soviéticos. Tienen el deber de propagar la causa de nuestros camaradas soviéticos - UNA CAUSA QUE ES NUESTRA.

La Unión Soviética, en sus mejores momentos, dio de manera generosa y sin límites apoyo fraterno - material, político, ideológico y diplomático - al proletariado revolucionario y a los movimientos de liberación nacional de todo el mundo. Nos toca ahora devolver esta generosidad dando todo el apoyo fraternal posible a nuestros camaradas soviéticos en su noble misión de restablecer la Unión Soviética derrocando al actual corrupto, sucio y podrido régimen de los mafiosos rusos y sus apoyos imperialistas.

Para poder dar este apoyo fraternal, es necesario que nos organicemos en el propuesto Consejo Internacional del Solidaridad y Amistad con el Pueblo Soviético.

En nombre del Comité Organizador os invito a 'dar vuestro apoyo a este proyecto firmando este LLAMAMIENTO y, más tarde, a enviar a vuestros representantes al Primer Congreso en 2001 para establecer un Consejo Internacional. Este no anulará en ningún caso la efectividad y dedicación que llevan a cabo los partidos y organizaciones en sus propios países por el Socialismo y la restauración de la Unión Soviética.

Espero que darán una respuesta afirmativa a este llamamiento. Fraternalmente,

Comité Organizador para el Consejo Internacional
de Amistad y Solidaridad con el Pueblo Soviético

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